BVPS | Abre ALAS | “La sociedad global en la era del capitalismo digital: desafíos para América Latina en tiempos de policrisis”, por Ana Rivoir


Para dar la bienvenida, con espíritu carioca, a la sociología latinoamericana que se encontrará en Río de Janeiro para el XXXV Congreso de ALAS – Asociación Latinoamericana de Sociología, del 26 al 31 de julio de 2026, la BVPS tiene la alegría de estrenar hoy la serie Abre ALAS – evocando la famosa marchinha carnavalesca de Chiquinha Gonzaga (1847-1935), “Ó abre alas”, que, desde su estreno en 1899, es un éxito de público en la fiesta, expresión que significa, literalmente, “dar paso” o “abrir camino”. La iniciativa nace de una alianza de ALAS con la BVPS, a través de su vicepresidente, Breno Bringel, también organizador de la serie – a quien agradecemos.

En los próximos jueves, hasta la víspera del congreso, para ir calentando los tamborines, publicaremos, en español y portugués, textos de expresidentes de ALAS que dialogan con el tema central del XXXV Congreso –Entre la Policrisis y las Alternativas: horizontes de la sociología crítica latinoamericana.

Abrimos la serie con Ana Rivoir, de la Universidad de la República, en Uruguay, quien presidió ALAS entre 2017 y 2019.

¡Buena lectura!


La sociedad global en la era del capitalismo digital: desafíos para América Latina en tiempos de policrisis

Ana Rivoir (Universidad de la República)

El XXXV Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS), que se realizará en Río de Janeiro del 26 al 31 de julio de 2026 bajo la convocatoria “Entre la policrisis y las alternativas: horizontes de la sociología crítica latinoamericana”, tendrá lugar en un contexto marcado por profundas transformaciones tecnológicas, disputas geopolíticas y crisis múltiples que atraviesan a América Latina y al mundo. Será un espacio privilegiado para discutir la expansión del capitalismo digital, la crisis ecológica y las crecientes desigualdades que reconfiguran la sociedad global contemporánea.
Comprender críticamente estas mutaciones —pero también las posibilidades de construir alternativas más democráticas, inclusivas y sostenibles en torno a la regulación, gobernanza y desarrollo de las tecnologías digitales— constituye uno de los grandes desafíos de la sociología actual, particularmente para una sociología latinoamericana comprometida con la democracia y la justicia social. Las reflexiones que siguen parten de la hipótesis de que todas estas transformaciones expresan una nueva fase del capitalismo global, marcada por la creciente centralidad de las infraestructuras digitales, los datos y la inteligencia artificial.

La policrisis contemporánea parece estar configurando un mundo crecientemente fragmentado, atravesado por guerras, tensiones geopolíticas, crisis ecológica, disputas comerciales, polarización política y aceleración tecnológica. En este contexto, se han multiplicado los diagnósticos sobre el supuesto “fin de la globalización” o el retorno de formas renovadas de proteccionismo y repliegue a lo nacional. Sin embargo, al reflexionar sobre globalización y digitalización en el contexto de la pandemia hace algunos años, aprecié que muchos de estos procesos no hicieron más que acelerarse y expandirse en la vida social contemporánea.

La globalización puede entenderse como un proceso de aceleración de la consolidación de la sociedad global, facilitado por el desarrollo de las tecnologías digitales, particularmente Internet. Como señaló Manuel Castells hace ya varias décadas, la sociedad red habilitó la posibilidad de que actividades, actores e instituciones funcionaran como una unidad en tiempo real a escala planetaria. Aumentaron así las capacidades de funcionar como un sistema global a tiempo real o elegido, y se incrementó la interdependencia de sus componentes. Este proceso estuvo signado por un proyecto y políticas que la orientaron hacia la expansión de los mercados, las finanzas y las cadenas globales de producción. Cabe así preguntarse si la fase actual supone el abandono de esta lógica mercadocéntrica hacia una nueva configuración. Con independencia de ello, más que asistir a una desglobalización, todo parece indicar que estamos asistiendo a una nueva inflexión histórica del propio proceso globalizador con la intensificación y profundización de la integración global a partir de las posibilidades que brinda un nuevo salto tecnológico.

Esto no implica desconocer las crecientes tensiones geopolíticas, disputas comerciales o procesos de fragmentación actualmente en curso. Por el contrario, el desarrollo tecnológico aparece hoy estrechamente vinculado a estrategias de soberanía, seguridad y poder global. De hecho, estas transformaciones están reconfigurando el complejo militar-industrial mediante nuevas tecnologías de vigilancia, inteligencia artificial y guerra digital crecientemente integradas al mercado global de seguridad y defensa, en estrecha articulación con los Estados mediante distintos arreglos institucionales.
Por tanto, todo indica que la novedad de esta etapa reside en la creciente articulación entre plataformas, poder económico, comunicación, seguridad y geopolítica, configurando formas de interdependencia global más profundas y simultáneamente más concentradas, conflictivas y desiguales. La integración global deja así de organizarse primordialmente en torno al comercio y las finanzas para estructurarse crecientemente alrededor del control de sistemas tecnológicos, capacidades de procesamiento de datos y sistemas de inteligencia artificial.

Como ha señalado Shoshana Zuboff, el capitalismo contemporáneo encuentra en la extracción y procesamiento masivo de datos una nueva fuente estratégica de acumulación y poder. Las plataformas digitales se han convertido también en infraestructuras centrales para la producción de legitimidad, la circulación de información y la organización de la comunicación pública. El sistema político depende crecientemente de estos entornos privados para construir visibilidad, consenso y gobernabilidad. Al mismo tiempo, estas mismas infraestructuras facilitan procesos de desinformación, manipulación algorítmica y fragmentación de las esferas públicas, profundizando tensiones democráticas ya existentes.
La competencia entre Estados y corporaciones por el control de estas infraestructuras constituye uno de los rasgos centrales del presente. Los Estados continúan siendo actores centrales, pero dependen cada vez más de corporaciones privadas para acceder a capacidades tecnológicas estratégicas.

En este marco, resulta significativo que grandes empresas tecnológicas ya no se limiten a ofrecer servicios o productos, sino que comiencen a formular explícitamente visiones políticas sobre cómo debe organizarse el orden social y mundial. Es el caso del reciente manifiesto asociado a Palantir, que no se presenta simplemente como un documento empresarial. Puede claramente leerse como la explicitación ideológica de una fracción de actores del capitalismo digital que propone la creciente articulación entre corporaciones tecnológicas, seguridad, defensa y capacidades de gobierno. Bajo el discurso de la soberanía tecnológica y la libertad, el manifiesto parece fundamentar la transferencia de funciones estratégicas hacia actores privados para controlar infraestructuras críticas, procesar información masiva y desarrollar tecnologías avanzadas de vigilancia, inteligencia artificial y guerra digital.

Más que proponer únicamente un fortalecimiento tecnológico del Estado, este tipo de discursos parecen expresar una tendencia a delegar crecientemente funciones de gobierno hacia grandes corporaciones tecnológicas, presentando dicha transferencia como una necesidad técnica y civilizatoria. En este marco, la apelación a la “libertad” ya no remite a la ampliación de derechos democráticos, sino a la expansión de capacidades de acción de actores económicos y tecnológicos que buscan reducir regulaciones y límites políticos sobre su poder.

Estas manifestaciones se orientan a incidir en la reconfiguración de los vínculos del Estado con actores corporativos donde estos adquieren poder estructural creciente. En sentido contrario, diversos organismos internacionales, universidades, movimientos sociales y espacios de cooperación regional vienen impulsando debates sobre regulación democrática, soberanía tecnológica y gobernanza ética de la inteligencia artificial.

Esta profundización de la interdependencia digital global tampoco es inmaterial y mucho menos alejada de otros componentes de la policrisis en curso. Como ha advertido Kate Crawford al analizar la inteligencia artificial, detrás de aquello que suele presentarse como nube, automatización o inteligencia, hay infraestructuras materiales, recursos naturales, energía, agua y trabajo humano. La expansión de infraestructuras tecnológicas, inteligencia artificial y procesamiento masivo de datos implica nuevas formas de extractivismo vinculadas a minerales estratégicos, altos consumos energéticos, uso intensivo de agua y creciente daño ambiental, articulando así el capitalismo digital con la crisis ecológica que atraviesa la actual policrisis global.

Desde América Latina, estas dinámicas adquieren características particularmente críticas. Como planteaban Fernando Calderón y otros autores en Navegar contra el viento, la región enfrenta transformaciones profundas vinculadas a la globalización, la revolución tecnológica y las persistentes desigualdades estructurales que atraviesan su desarrollo. La región participa crecientemente de esta interdependencia digital global, pero lo hace en condiciones estructuralmente desiguales. En esa línea, más recientemente, Cecilia Rikap ha advertido sobre la emergencia de nuevas formas de “dependencia digital” asociadas al control concentrado de plataformas, datos e inteligencia artificial. La dependencia tecnológica, el control externo de plataformas e infraestructuras, la extracción de datos y recursos estratégicos, así como la subordinación en la producción de conocimiento y desarrollo tecnológico, profundizan formas históricas de desigualdad y dependencia ahora reconfiguradas en clave digital.

En este contexto, no se trata únicamente de comprender las mutaciones tecnológicas contemporáneas, sino también las relaciones de poder, desigualdad y dominación que se reorganizan mediante ellas. La cuestión no es simplemente si la globalización continúa o retrocede, sino qué actores controlan las infraestructuras digitales que organizan la vida económica, política, comunicacional y militar del planeta, mediante qué dispositivos tecnológicos y bajo qué proyectos de poder, gobernanza y sociedad se profundiza hoy la interdependencia global. Se trata de un campo en disputa tanto material como ideológicamente.

Es así como el conocimiento científico se ve interpelado en su capacidad para analizar, interpretar y explicar las complejas y profundas transformaciones en curso, y el desafío para una sociología crítica latinoamericana consiste también en contribuir a imaginar alternativas democráticas capaces de disputar las nuevas formas de desigualdad, dependencia y dominación que atraviesan la actual policrisis global.


Sobre la autora

Ana Rivoir es profesora del Departamento de Sociología de la Universidad de la República, Uruguay. Fue presidenta de la ALAS de 2017 a 2019.