Resenha | “Grafias de vida – a morte”, por Mario Cámara

Publicamos hoje resenha de Mario Cámara, professor da Universidade de Buenos Aires, sobre o último livro de Silviano Santiago, Grafias de Vida – a morte, lançado no final de 2023 pela Companhia das Letras.

Reunindo a produção ensaística mais recente de Silviano, com parte dos ensaios escritos durante a pandemia da Covid-19, o livro suscita questionamentos sobre o “estilo tardio” do premiado autor. Na visão de Mario Cámara, Silviano coroa com plenitude sua produção crítica e ficcional, exibindo uma erudição que o permite a transitar pelas luzes e sombras da cultura ocidental, sem perder de vista a reflexão sobre os significados de pensar a partir do Brasil.

Boa leitura!


Grafias de vida a morte, de Silviano Santiago

Por Mario Cámara (UBA)

Grafias de vida – a morte, el último libro de Silviano Santiago, se compone de trece ensayos, muchos de ellos escritos durante el aislamiento forzado producido por la pandemia da Covid-19. En ellos podremos leer análisis de Mário de Andrade, Ney Matogrosso, Graciliano Ramos, Lygia Clark, Adriana Varejão, João do Rio y también de Christa Wolff, Joan Didion, Petronio, José Revueltas e infinidad de otros escritores, artistas y músicos. Estudiados y analizados a través de entrecruzamientos y montajes complejos y creativos, Silviano exhibe, una vez más, una erudición que le permite transitar con elegancia y astucia por los recovecos, las luces y las sombras de la cultura occidental sin dejar de reflexionar sobre los sentidos de pensar en y desde Latinoamérica, y más específicamente, en y desde Brasil.

El conjunto de ensayos es precedido de un breve prólogo que pone en primer plano su propia vejez, pensada como sobrevivencia y a la vez como alegría de sobrevivir. Quizá por ello, y como complemento, Silviano apela allí al concepto de “estilo tardío”, propuesto por el crítico Edward Said en sus últimos ensayos. El estilo tardío se encuentra, por supuesto, en íntima relación con el fin de una vida, de una trayectoria o la inminencia de la muerte. Si nos dirigimos al texto de Said descubriremos, sin embargo, que no hay un solo estilo tardío, sino muchos. Desde el estilo tardío que corona con plenitud un proyecto estético, tal como sucede en Rembrandt o en Matisse, en Bach o en Wagner, hasta el estilo tardío que provoca desconcierto, como el de Ibsen de Cuando los muertos nos despertamos, o el de Giuseppe Tomasi de Lampedusa, que en su vejez escribe Il Gatopardo, producto de la marginación, el exilio y hasta de un cierto sentido de vivir en un tiempo anacrónico.

Grafias de vida – a morte nos obliga entonces a preguntarnos por el estilo tardío de Silviano Santiago. ¿Se trata de uno que corona con plenitud un proyecto estético y crítico o de uno que nos produce sorpresa y desconcierto? Me inclino a pensar que, en los últimos años y con cada nuevo libro, Silviano no hace más que coronar con plenitud su trayectoria crítica y ficcional. Tomemos como ejemplo la publicación de su última novela Machado que, publicada en 2016, cierra una trilogía iniciada con Em liberdade (1981) y continuada con Viagem ao México (1995). En las tres, tal como nos advertía en un artículo publicado en 2016, “Em liberdade, Viagem ao México e Machado. Grafias de vida”, Silviano trabaja contra la idea de autobiografía: el diario íntimo de Graciliano Em liberdade, la novel y la novela histórica para el Antonin Artaud de Viagem ao México y la biografía, pero “invertida”, es decir de la vejez, para el Machado de Assis de Machado. Hace apenas un año ajustará aún más ese recorrido y dirá, en entrevista concedida al Jornal de Letras, Artes e Ideias de Portugal: “Graciliano: corpo e prisão. Artaud: corpo e drogas. Machado: corpo e epilepsia”, trayendo, sin nombrarlos, tanto su “fisiología de la composición” como sus “grafías de vida”. [Si me permite el lector, una infidencia: en mensaje de correo electrónico, del 22 de abril de 2020, en plena pandemia, Silviano me escribe lo siguiente: “tenho escrito alguns artigos para jornal e estou tocando lentamente um longo ensaio sobre questões de genética do romance. Retomo a noção de composição de Poe (filosofia da), de Valéry (vers donné), e de João Cabral (psicologia da) e tento desenvolver o que chamo de Fisiologia da composição (do romance). O corpo do autor está presente na composição e não apenas no(s) tema(s) desenvolvidos na narrativa”]. Nuevamente, grafias de vida.

Con Grafias de vida vuelve a quedar claro que Silviano trabaja, desde el comienzo de su trayectoria, en una suerte de espiral, cuyo despliegue vuelve sobre temas y tópicos, una suerte de ajuste de cuentas retrospectivo, y al mismo tiempo siempre trae algo nuevo. Recordemos, a modo de ejemplo, el comienzo de Fisiologia da composição (2020), Em liberdade como libro hospedeiro del hóspede que es Memórias do cárcere:

o livro hóspede é espaçoso e ambiciona, no mundo, o lugar geográfico e físico ocupado pelo livro hospedeiro. Sub-repticiamente, o forasteiro se faz de executivo no gerenciamento da hospedaria. Responsabiliza-se não só pelo estilo literário do hospedeiro como também pela sua grafia-de-vida (p. 17).

El retorno sobre uno de sus autores fetiches, que también será abordado en Grafias de vida, y la novedad del concepto de libro huésped que ajusta cuentas con el concepto de pastiche que Silviano había utilizado décadas antes para pensar Em liberdade.

En su recorrido espiralado, Grafias de vida también reformula algunos otros conceptos centrales de su producción temprana. Destaco apenas dos. En lugar del concepto de “suplemento”, que Silviano tomaba de Derrida y que utilizaba en algunos de sus ensayos de Uma literatura nos trópicos (1978) haciendo una torsión poscolonial, la figura que propone ahora es la de anacronismo crítico. Utilizado en Quando saio de casa, piso o mundo” para analizar Paulicéia desvairada, de Mário de Andrade, y Esaú e Jacó, de Machado de Assis, y en “Viagem pelas viagens de Mário de Andrade”, el anacronismo crítico llega para enfrentarse al anacronismo geográfico e histórico y, a diferencia del concepto de suplemento, le permite deslindarlo de una obra específica para pensarlo en amplio campo de la cultura. Asimismo, en lugar del concepto de “cosmopolitismo del pobre”, Silviano, inspirándose en James Clifford, propone ahora el concepto de “cosmpolitismos discrepantes”. Tanto en “Sentimiento de vida, sentimiento de mundo” y “Apenas uma literatura escrita en língua portuguesa”, el cosmopolitismo discrepante contribuye a pensar los encuentros y desencuentros, sus horrores y virtudes, de culturas en viaje diaspórico que han terminado por (des)encontrarse, en este caso, en ese sitio que hoy llamamos Brasil. Como si el concepto le permitiera auscultar por debajo del aglutinado espacio de los cosmopolitismos pobres.

Silviano insiste, e invierte, en nuevas formas de pensar el tiempo y el espacio. A los anacronismos críticos y los cosmopolitismos discrepantes, debemos sumar el aion, esa temporalidad innumerable de los griegos, las “acronologías” e “intermitencias” que nos propone Grafias de vida para pensar la San Pablo londinense de Mário de Andrade en “Minha Londres das neblinas finas…”, el vano, la brecha y las fuerzas en contraposición que encuentra en Hannah Arendt, en Kafka, en René Char y que le sirven para encarnar ese niño sin pasado en “A mesa, o lugar está posto. A cadeira está vazia (Divagação sobre a gênese de Menino sem passado)”, o aun, en una audaz y original apropiación del concepto de ancestralidad, que parece venir a reforzar y precisar los encuentros y desencuentros de los cosmopolitismos discrepantes. Me detengo aquí un momento para focalizar la lectura de la ancestralidad que hace Silviano en “Quando saio de casa, piso o mundo”. Mediante un extenso y sinuoso análisis que tiene en cuenta las lecturas de los ironistas franceses e ingleses de Machado pero que, sin embargo, no encuentra suficientes para definir su escepticismo, Silviano recupera la diáspora africana.

Machado de Assis descoincide da originária e original ancestralidade europeia. Descoincide também da originária e original ancestralidade indígena. Sua ancestralidade está para ser construída a partir de uma fratura na constituição do ser “brasileiro”. Nem europeu nem indígena (p. 117-118).

Y um poco más adelante sostiene,

O ceticismo machadiano não vem só da época em que vive e do clima sociopolítico dominante. Vem-lhe também da diáspora africana e do berço humilde dos pais (p. 119).

La operación crítica puesta en juego aquí es complejísima e incide profundamente en los debates identitarios que atraviesan la cultura brasileña contemporánea, que en ciertas ocasiones colocan el quiebre en una zona fuertemente identitaria. El Machado de Silviano emerge en la descoincidencia de esas dos ancenstralidades y es allí donde debe leerse su “ser brasileño”, ni europeo ni indígena, aunque tal vez debamos decir “ni totalmente brasileño ni totalmente indígena”, pero tampoco “totalmente africano”. Machado es brasileño por las diferencias y lo es también por la memoria de la diáspora. Las diferencias no son simplemente “nada”, en tanto diferencias, no ser totalmente algo, son activas configuradoras de cultura, escritura y subjetividad. Será “contra” y “con” como emerge el estilo Machado.

Hay un método Silviano, pero cómo definirlo? No es exactamente genealógico ni filológico, más bien consiste en iluminar una imagen, un objeto, un fragmento, el “buriti” por ejemplo, y seguirlo en Grande Sertão: Veredas, en Crônica da Casa Assassinada y en “Buriti perdido” de Afonso Arinos, para que mediante iluminaciones recíprocas produzca lecturas críticas por fuera de una temporalidad lineal. Silviano trabaja con montajes de imágenes y palabras, convocándolas a una misma mesa y poniéndolas a dialogar o discrepar. Sostiene la máxima borgeana de sentirse acreedor de la cultura dicha universal para someterla a un trabajoso y detallado juego de fuerzas. En tanto autor, Silviano se coloca en una brecha temporal, un sitio im-posible, tallado entre Formiga, París y Nuevo México, infinito e interminable, que es también, descubrimos, nada menos que nuestra condición latinoamericana, abordada en “Sentimiento da vida, sentimiento do mundo”, un clásico instantáneo con el cual, por supuesto, comienza el libro. En los ensayos de Grafias de vida se tensan los materiales culturales para que los lugares asignados por los relatos eurocéntricos de vuelvan inoperantes.  En “Viagem pelas viagens de Mário de Andrade” Silviano ensaya un razonamiento que me interesa recuperar para concluir esta reseña. Define a Antonio Candido como un discípulo antagónico de Mário de Andrade que inaugura un nuevo lugar para el saber literario, más circunscripto a la universidad, más scholar. Sin embargo, nos advierte Silviano, será debido a Mário de Andrade que Antonio Candido puede reconocer la alta calidad de una ensayística, amateur o diletante, cultivada por los más notables interpretes brasileños. Candido es capaz de reconocerla, pero no parece poder o desear continuar esa tradición. “O mestre”, nos informa Silviano en relación a Mário de Andrade, “é o último de uma época em que a vida literária foi o alicerce do saber que ainda não era ‘formado’ pelo saber universitário europeu, de ambição científica” (p. 278-279). Me pregunto si Silviano Santiago no recoge, con múltiples diferencias, por supuesto, la herencia de Mário de Andrade, esa sabença que le permitió tanto al autor de Paulicéia desvairada como a nuestro autor de Grafias de vida, una (de)formación constante. Me pregunto si no deberíamos inscribir a Silviano en la tradición de los inadecuados y los descoincidentes, términos con los que define a Mário y a Machado. Heredar, sin embargo, puede no provenir de ningún testamento y por ello suele ser necesario inventarlo. Y Silviano, en cada libro, va ajustando su propia herencia e inventado su propio testamento, uno imaginariamente compuesto por las voces, disonantes entre sí, de Graciliano y Machado, de Mário y Drummond, entre tantas otras. En ese testamento, que podemos llamar Grafias de vida a morte, nos deparamos con formas de vida singulares, sus grafías, y navegamos por entre montajes históricos de larga duración, anacronismos críticos, intermitencias y cosmopolitismos discrepantes para continuar pensando en nuestra condición de pan-americanos de áfricas utópicas.